Ciudad de México, septiembre de 2025. En un esfuerzo por destacar en el competitivo sector de los servicios financieros, RappiCard ha decidido jugar la carta de la mexicanidad con su nueva campaña, “Sonidos de México”. La iniciativa representa un estudio cuidadoso de la psicología del consumidor local, apuntando a aquellos elementos de la cultura popular que, de manera orgánica, ya están asociados con el acto de comprar.
La campaña se fundamenta en una observación clave: la economía informal y los comercios tradicionales han mantenido una forma de publicidad auditiva que es inmediatamente reconocible y efectiva. RappiCard no intenta crear un jingle nuevo, sino que adopta los “jingles” que ya existen en el paisaje sonoro urbano. Al hacerlo, la marca busca integrarse de manera natural en los rituales de consumo del mexicano, presentándose como el enlace moderno para transacciones que van desde lo tradicional hasta lo contemporáneo.
El anuncio de la campaña subraya la intención de “apropiarse de esos sonidos icónicos” para “integrarlos al universo de la marca”. Esto se traduce en una estrategia de contenido para redes sociales donde estos sonidos serán el elemento central, reinterpretados con un estilo visual moderno y siempre asociados a la usabilidad de la RappiCard. El mensaje es claro: así como estos sonidos son parte de tu día a día, RappiCard también puede serlo, facilitando cualquier compra que desees.

“Con su tarjeta pueden comprar todo lo que se imaginen, desde antojitos en la esquina hasta gadgets de última generación”, comentó la marca. Esta declaración refleja la ambición de cubrir un espectro de consumo muy amplio, apelando tanto a la nostalgia y la tradición como a la modernidad y la innovación. La campaña no solo habla de los sonidos del pasado, sino que los proyecta hacia un futuro donde pagar con RappiCard es la norma.
Analíticamente, “Sonidos de México” es una jugada inteligente para construir un posicionamiento único y difícil de replicar. Mientras otras tarjetas compiten en beneficios tangibles, RappiCard construye capital intangible: la afinidad cultural. Al dejar una “huella cultural”, la marca aspira a generar un vínculo emocional que convierta a los usuarios en embajadores de la marca. En esencia, RappiCard no está vendiendo una tarjeta; está vendiendo la idea de que usar su producto es un acto de orgullo mexicano, uniendo el sonido de la tradición con el futuro de las compras.


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