Columna | «Neta no me hallo»: apuntes sobre Lentos Pardos y el derecho a no encajar

Hay una frase que se repite en la industria musical como si fuera una verdad revelada: «hay que adaptarse». Adaptarse al algoritmo, adaptarse a los formatos, adaptarse a los tiempos de atención, adaptarse a lo que el público consume. La adaptación se presenta como una virtud, casi como una obligación moral. Y en ese contexto, una canción que se llama «NETA NO ME HALLO» y que cuestiona frontalmente esa lógica no es solo un buen sencillo: es un respiro.

Lentos Pardos, el dúo oaxaqueño de electrónica, lanzó esta canción como una crítica a la realidad digital en la que vivimos, donde los algoritmos dictan lo que vemos, las redes sociales convierten todo en contenido y las tendencias parecen repetirse hasta borrar la individualidad. A través de una propuesta sonora electrónica, cruda e industrial, expresan el desencanto de una generación que ya no se reconoce en un mundo dominado por la apariencia, la inteligencia artificial y el consumo inmediato.

El precio de la autenticidad

Vivimos en una época en la que la autenticidad se ha convertido en una mercancía. Las plataformas nos piden ser «reales», pero solo en la medida en que esa realidad sea consumible. Los artistas son empujados a construir una marca personal, a mantener una presencia constante en redes, a producir contenido sin descanso. Y en ese proceso, algo se pierde: la posibilidad de equivocarse, de desaparecer un tiempo, de no tener nada que decir.

«NETA NO ME HALLO» va más allá de ser una canción sobre no encajar: es un rechazo a aceptar como normal un mundo en el que cada vez cuesta más distinguir lo real de lo fabricado. Y ahí está su valor. No ofrece una solución fácil ni un mensaje motivacional. No dice «todo va a estar bien» ni «encuentra tu tribu». Dice, simplemente: esto no está bien, y no pienso fingir que lo está.

La electrónica como ruido incómodo

Hay algo profundamente político en hacer electrónica industrial en un país donde el género se asocia casi exclusivamente con la fiesta. Lentos Pardos no hace música para evadirse: hace música para mirar de frente. Su propuesta sonora, sintetizadores, ritmos enérgicos, letras nacidas de experiencias reales, está construida para el movimiento, sí, pero también para la reflexión. Canciones directas, melodías reconocibles y energía constante para que el público las haga suyas, pero sin renunciar a la incomodidad.

El dúo, conformado por MER y Leonel Díaz en voz y sintetizadores, con Gamaliel Guzmán en sintetizadores y ARCY en sonido, lleva cinco años construyendo una trayectoria independiente. Han pasado por la Feria del Mezcal de Oaxaca, el Festival Tiliche, compartiendo escenario con Porter y Technicolor Fabrics, y distintos foros de la Ciudad de México. No son novatos. Saben lo que hacen. Y lo que hacen es resistir.

El escenario como último territorio real

En un mundo donde todo se puede editar, corregir y replicar, el escenario sigue siendo el último territorio de lo irrepetible. Lentos Pardos lo entienden: sus presentaciones en vivo son más cercanas a un concierto que a un DJ set tradicional, con sintetizadores ejecutados en directo, voz principal y secuencias electrónicas. La interpretación, los coros y la energía compartida con el público son parte esencial de la experiencia.

Eso, en la era de la inteligencia artificial, es casi un acto de fe. Porque significa creer que todavía hay algo que no se puede simular: el sudor, el error, la mirada cómplice, el grito compartido. Significa creer que la música sigue siendo un encuentro entre personas, no un producto que se consume.

La pregunta que no queremos responder

«NETA NO ME HALLO» plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que hacemos, decimos y publicamos es realmente nuestro? ¿Cuánto es lo que el algoritmo espera que hagamos? La canción no responde. Se limita a constatar el malestar. Y a veces eso es suficiente. A veces lo único que necesitamos es que alguien diga en voz alta lo que todos pensamos pero no nos atrevemos a admitir.

En un mercado que premia la adaptación, Lentos Pardos eligen la incomodidad. En un mundo que nos pide ser contenido, eligen ser ruido. En una época que nos pide encajar, eligen decir «neta no me hallo». Y por eso, esta canción importa.

No es una canción para todos. Es una canción para quienes, en algún momento, han sentido que el mundo que les rodea no les representa. Es una canción para quienes siguen creyendo que la música puede ser algo más que un fondo de playlists. Es una canción para quienes, a pesar de todo, siguen buscando lo real.


«NETA NO ME HALLO» ya está disponible en todas las plataformas digitales.

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